Los Barones del dinero en Nicaragua

El crecimiento económico de Nicaragua sigue dependiendo de los dólares que logra atraer en concepto de exportaciones, remesas, cooperación, préstamos e inversión extranjera. La suma de esos rubros es lo que permitió un crecimiento promedio del PIB de 1,8% por año entre el 2018 y 2023 y el proceso de concentración del dinero en manos de los barones del dinero y de la dictadura y sus aliados.

La dictadura ha priorizado la inversión pública en actividades dirigidas a la construcción de carreteras; al mismo tiempo, utiliza la inversión pública para facilitar contratos con empresas pertenecientes a la “nueva clase”. De acuerdo a Manuel Orozco “el gasto de inversión pública relacionado con obras públicas se duplicó del 29% a 54% entre el 2017 y 2023”. Estas construcciones de carreteras benefician a zonas de enclaves económicos, por ejemplo, las zonas mineras y zonas de agroexportación/agronegocios (palma africana) dónde la “nueva clase” y el gran capital ha invertido en los últimos años.

Desde el 2007, el gran capital tradicional ha demostrado que no sabe sobrevivir sin la teta del régimen Ortega-Murillo. Por su lado, la “nueva clase” surgida al amparo del régimen se ha enriquecido a través de las instituciones del Estado para su propio beneficio a través de los siguientes mecanismos: confiscaciones de bienes; el uso de la fuerza; el miedo aprovechando la inseguridad jurídica; los ingresos fiscales y extorsión tributaria para apoyar a los “barones de la corrupción” y el uso del endeudamiento externo para beneficiar a los barones del dinero (vieja oligarquía y burguesía tradicional) y a los barones de la corrupción (familia Ortega-Murillo y sus aliados). El objetivo de la dictadura Ortega-Murillo y sus aliados, la “nueva clase”, los barones de la corrupción, es convertirse en el capital predominante del país.

Nunca los grandes empresarios y banqueros habían tenido más ingresos provenientes del Presupuesto General de la República; que equivale decir del bolsillo general de las y los nicaragüenses. Por ejemplo, en el período del 2007 a 2020, el gran capital ha recibido por diferentes tipos de beneficios una cantidad superior a los US$ 13 mil millones de dólares, equivalente al PIB del año 2017. El poder económico real está en manos de “los barones del dinero” ya que controla el mercado nacional. Lo que hacía el latifundio señorial, “dueño de vidas y haciendas” en su microcosmo, actualmente lo hace “los barones del dinero” a nivel nacional.

El régimen ha estado siempre en concordancia con los banqueros. En los últimos años el régimen ha cumplido el compromiso de mantener intocadas las reglas de operación de las empresas bancarias. los banqueros lo importante es que ha habido un ambiente propicio para hacer negocios. Negocios bancarios que lograron utilidades récord en el 2023, ya que se recuperó el monto de las ganancias que habían obtenido en el 2017 (US$ 173.59 millones de dólares de ganancias), antes de la crisis de abril de 2018.

El patrimonio del Sistema Financiero Nacional experimentó desde el 2018 a 2023 un crecimiento interanual del 18.7%, lo que resulta llamativo porque si se compara con la tasa promedio de crecimiento del PIB nacional de 1.8%, las ganancias de las instituciones bancarias crecieron nada menos que 10.38 veces más que el PIB nacional. Las utilidades de los bancos pasaron de US$ 90.02 millones de dólares en 2019 hasta alcanzar US$ 173.79 millones de dólares en el 2023. Es decir, un incremento de las ganancias de los bancos del 93.05% entre el 2019-2023.

Las altas rentas o utilidades de los bancos tienen por consecuencia una reducción de las ganancias en la mayoría de los empresarios nicaragüenses ya sean micro, pequeños o medianos. El rentismo financiero es un factor que repercute en la disminución de la rentabilidad del capital productivo nacional. El sector financiero se apropia de gran parte del excedente económico de los otros sectores económicos en forma de intereses, dividendos, seguros y los llamados seguros empresariales. Es decir, son ganancias extraordinarias por encima de la productividad media.

Las fuentes principales de los ingresos financieros de los bancos son: los recursos generados por la cartera de crédito, el margen intermediación o comisiones bancarias que resulta de la diferencia entre los intereses cobrados a los deudores y los pagados a los ahorradores y el saldo de la cartera de consumo que incluye las tarjetas de crédito, los préstamos personales para autos y viviendas y los de nómina. En estas fuentes reside al menos el 60% del éxito operativo de los bancos. Las tarjetas de crédito son una vigorosa fuente de ingresos para los bancos, porque los intereses que cobran son superiores al 60% anual.

Estas utilidades extraordinarias se han conseguido por varias razones: i) incremento de la cartera crediticia; ii) la composición de esa cartera, ha crecido el crédito al consumo, que es el de mayor margen financiero; iii) el mantenimiento de las altas tasas de interés; iv) la administración de ese mantenimiento a favor de los bancos y en contra de los usuarios de crédito; v) las tasas tributarias que prevalecen bajas y que son las más rentables de la región; vi) no reforma fiscal, en el futuro habrá grandes utilidades sin que haya redefinición de los impuestos a pagar. Es decir, se trata de utilidades récord que se derivan de una combinación entre la administración bancaria y la decisión del régimen de mantener las tasas tributarias bajas sin cambio. Por eso los “barones del dinero” reconocen el manejo “razonable, atinado y sustentable” de las finanzas públicas por parte del régimen Ortega-Murillo.

El Índice de Inclusión Financiera (IIF) establecido por el Consejo Monetario Centroamericano que valora el acceso y uso de los servicios financieros de las personas mayores de 15 años nos revela que en Nicaragua solamente el 17.3% de la población, es decir, solo 17 personas de cada cien personas poseen al menos una cuenta bancaria. Mientras que en Costa Rica 60 de cada cien personas mayores de 15 años tienen una cuenta en las entidades financieras.

El mismo Consejo Monetario Centroamericano revela que el 2023 la ganancia promedio de los bancos nicaragüenses fue del 28% anual, mientras que la ganancia promedio de los bancos costarricense al fue del 11% anual. Esto quiere decir que los bancos nicaragüenses teniendo un mercado que representa solamente el 28.33% del mercado costarricense tienen una ganancia 2.54 veces superior a los bancos costarricenses. Es decir, siendo más pequeños ganan más debido a las altas tasas de intereses, intermediación, comisiones, etcétera. Resulta, también, que los bancos nicaragüenses son los tienen el mayor porcentaje promedio anual de ganancia de todos los bancos de Centroamérica.

Los “barones del dinero” de Nicaragua, el capital financiero/bancario, están contentos con la dictadura Ortega-Murillo no porque lo quieran mucho –de hecho, no los quieren ni los invitan a sus fiestas privadas-, sino por las históricas utilidades/ganancias netas que acumularon a lo largo del 2018 al 2023, y, también, por no tocar un pelo a su jugoso negocio, que raya en el agiotaje.

Los bancos que operan en el país han acumulado utilidades extraordinarias netas, limpias de polvo y paja, a lo largo de la dictadura entre el 2007 al 2023. Por ejemplo, solamente entre el 2017 y el 2023 las utilidades acumuladas de los bancos ascendieron a US$ 744.2 millones de dólares. De ese tamaño es la fiesta del dinero.

Las ganancias/utilidades de “los barones del dinero” de Nicaragua, cuando menos las oficialmente reconocidas, rompieron récord con todo y la crisis de abril y la pandemia, y falta sumar las que obtengan en el 2024. Entonces siendo congruentes repiten su alianza política con la dictadura, aunque sea de manera silenciosa y debajo de la mesa, al callarse por todas las violaciones de los derechos humanos, al ignorar a las presas/presos políticos, al no tomar en cuenta la persecución religiosa y la represión generalizada.

La razón de fondo que explica esa posición de los poderes fácticos económicos (gran capital empresarial y banqueros) es que tienen miedo frente a la competencia regional, por el atraso existente en la mentalidad de los grandes empresarios. Ni las grandes empresas ni los bancos podrían obtener esas ganancias extraordinarias sin colgarse de la teta del Estado en manos de la dictadura Ortega-Murillo.

Los dueños de las grandes empresas y de los bancos saben perfectamente que la lógica de la política vigente les obliga estar en la cuerda floja, producto de una economía débil, castrada, extractivista y bajo el dominio del capital financiero. Es decir, requieren de todos los resortes del Estado para subsistir y ampliar su tasa de ganancia, y, por eso necesitan aliarse con el poder del turno. Antes fue a la dictadura de los Somoza, ahora es a la dictadura Ortega-Murillo.

Por eso, existen sectores del gran capital y los banqueros que impulsan y propagan las virtudes de una “futura reconciliación” con el régimen dictatorial, pues en la realidad, ellos no quieren que esta alianza desaparezca, sino que se establezca un nuevo acuerdo o pacto para asegurar sus ganancias futuras, dominar el mercado y salvaguardar y mejorar, con la ayuda el régimen dictatorial, sus tasas de ganancias.

Al mismo tiempo, desde el 2018 a la fecha, la brecha entre de los más pobres aumentó la diferencia de ingresos con relación a los sectores más ricos del país, lo que significa un retroceso importante del desarrollo, ya que los más pobres carecen de acceso a una cantidad de alimentos asequibles y nutritivos. La diferencia entre el crecimiento de la renta per cápita de los más pobres y los más ricos ha crecido entre el 2018 y el 2023. Es decir, hay una regresión estructural muy grave. Se estima que el 60 por ciento de la población padece hambre y desnutrición, no come los tres tiempos y no ingiere las calorías ni las proteínas necesarias por día para un desarrollo normal. Por falta de ingresos la mayoría de los hogares se saltan comidas al día y los adultos reducen sus ingestas para que los niños/niñas puedan comer algo.

Conclusiones

Uno de los objetivos de la dictadura Ortega-Murillo es que el poder económico se concentre en la “nueva clase” en donde el principal grupo económico sea la familia Ortega-Murillo y sus allegados desplazando a la vieja oligarquía y la burguesía tradicional, y, al unísono, se consolide su poder político a través de una dinastía familiar. La “nueva clase” ejerce su influencia en la política económica a través de su oposición a cualquier tributo, regulación o medida que afecte adversamente al patrimonio de la “nueva clase” y de los “barones del dinero”.

Los “barones de la corrupción”, representados por la “nueva clase”, corren con ventaja política sobre los “barones del dinero” al tener el control de las decisiones políticas y económicas del país. La “nueva clase” en el poder puede monitorear el desempeño de las ganancias de los “barones del dinero” a lo largo del tiempo ya sea premiando o castigando.

No debemos de olvidar que muchos empresarios no podrían existir o serían marginales sin el apoyo material y financiero del poder político de turno. El régimen Ortega-Murillo sabe que la gran mayoría de las grandes empresas tienen miedo a la competitividad; saben que los empresarios están acostumbrados a un apoyo permanente del estado (exoneraciones, exenciones y otros beneficios) y, por lo tanto, necesitan tener el apoyo político-económico del régimen. Ortega-Murillo no van a parar de utilizar todas las herramientas del poder hasta conseguir y mantener la docilidad del empresariado.

La falta de competitividad de las elites empresariales los vuelve dependientes de un régimen dispuesto a ayudarlos sin siquiera mirar el monto del dinero público que se gaste en ellos a condición de su silencio y sometimiento a los dictados de la dictadura. Los poderes fácticos económicos están conscientes de que viven y se lucran de una economía sometida al capital financiero y a la voluntad del dictador que actúan contra ellos mismos.

Lo más preocupante no es solamente la perversidad del régimen y de las cúpulas del gran capital y los banqueros, sino la inocencia y ceguera política de los nuevos liderazgos dentro de la oposición real. Para superar estos hándicaps, desventajas o inconvenientes es necesario estudiar, analizar y proponer un programa que nos permita debilitar los pilares de sustentación de la dictadura que permita el desarrollo del proceso de implosión interna del régimen.

Nicaragua bascula entre la expansión de la corrupción gubernamental y la creciente ineptitud de los aparatos burocráticos para combatir la corrupción. El sistema judicial está colapsado. Los partidos políticos tradicionales están desfondados. Las políticas públicas en materia de seguridad social, salud y educación son ineficientes. Las encuestas registran un alto porcentaje de rechazo a la dictadura Ortega-Murillo. Sin temor a equivocarme nos enfrentamos a la peor clase política de la historia reciente del país.

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